jueves, 10 de agosto de 2017

Renée Fleming - Distant Light (2017)


Un símbolo de paz

Se produjo el encuentro con el oráculo, aquel que todos saben que es más que un revelador y al mismo tiempo más cercano a una herramienta. El hombre, en su encuentro con el oráculo, confirmó varias cosas.
Mientras su vista se distraía observando a aquella mujer, la que transporta a su paso al reloj que le dicta cuan cerca está del comienzo de su rutina, lo descubrió. Lo reconoció.
Debajo estuvo, ya totalmente expuesta, una nueva piel. Una serpiente que dejó atrás un montón de significados de lo que le adjudicaron y de aquello que logró sacarse de encima. Un entierro, una muerte. Una confirmación, un amor.
Ya no hay desvíos ni distorsiones. Ya no hay centros que con fuerza concentren el agobio, cuyo origen se tornó opaco e irreconocible. No por ello se ha develado todo hasta la raíz de su orígen. No obstante, el aire que se respira es claramente otro. Desde hoy, reina la liviandad de lo descentrado, de la paz en la palma de la mano.

jueves, 18 de mayo de 2017

Morast - Ancestral Void (2017)



La ciénaga

Dos minutos antes de las tres y cuarto, las agujas del reloj se detuvieron. Permanentemente. El recreo de las tres y cuarto nunca llegó. Deberes que ya no pudieron concluirse según lo pactado. La distensión, el esparcimiento, la diversión quedaron en el tintero de una pluma que no ingresó al frasco, de una tinta congelada e indiferente. Ese líquido se transformó en su estado, hacia un sólido desprecio recibido, en una densa atmósfera de hostilidad y culpa.
Esa parálisis en el tiempo y el espacio solo se desvanece al penetrar en la magia de esas historias y esos relatos compartidos. Absortos, encantados, siendo parte de lo que narra. Ecos del placer infinito que emana de aquel escenario.
Rodando, aproximándose a aquella encrucijada, se vislumbra un cuerpo inerte, desparramado en la calle junto a un taxi detenido. Alguien pasa y lo rodea, lo evita. Un policía registra la situación en una libretita y una mujer de civil toma fotografías de la situación. Inerte, en el aire denso en el que se deja caer, dentro de la ciénaga.

lunes, 24 de abril de 2017

Anoushka Shankar & Karsh Kale - Breathing Under Water (2007)



Como si hubiera transcurrido en otra vida.

La viña es una perda. Las uñas que caen de ella no quieren mirar hacia abajo. Saben lo que ocurrió con Icaro. Se elevan demasiado, su suerte estará echada. La viña inexorablemente es una perda.
Curda tras curda, la última advierte que es necesario una contención. Pronto. Presto a rodar como bola sin manija, quien sabe cuál será el fondo del barril ¿de cual de todos, en realidad?
De no ser por dos Ageqtoz fundamentales que sostuvieron a aquél Icaro, quien sabe... Esos Ageqtoz fueron sus pilares. Sus mgos y f-lía. Y alguien más en quien confiar, por supuesto. Por más que se advierta que algunos planetas se conocen poco, significan muchísimo al habitar su superficie, descubrir su naturaleza última. Después de todo, comparten sus secretos y deseos más preciados. Como semillas arrojadas por allí, para que crezcan mil flores que libarán coloridos colibríes.
"Asep em arucol al euq a rarepse aírdop ednod", dice en voz alta el que está de este lado. Son como dioses de la adolesencia, que juegan con sus fragilidades humanas. Uno para el otro, tanto en las sonrisas como en los sinsabores de la vida de ambos.

sábado, 14 de enero de 2017

Amorphis - Far From The Sun - 2003



Llegando a Siestalandia.

El anhelo tan buscado, tan esperado por tantos ¿es que podría haber otro destino más soñado que Siestalandia?

Al ingresar un flaco alto (de unos 1, 91 mts) y gentil recibe a los visitantes con un licuado de banana grande. El modo más sencillo de llegar sin extraviarse, es siguiendo aquella estrella roja que se encuentra siempre detrás tuyo y aquel par de faros color esmeralda que te sumergen en caleidoscopios de ilusiones, siempre vivas.

Una vez allí, antes de introducirse en el reinado del letargo, animadas charlas se sucederán entre mates y cigarrillos. Inmediatamente, llegan las sonrisas. Llegan por los cuatro costados y son de esas que manifiestan con bailes en zig zag la felicidad mutua (y algo loca).

En aquellas tierras, el clima húmedo frecuentemente causa copiosas lluvias, luego de las cuales aparece un vistoso arcoiris y a su final, el tesoro más preciado; un alma de diamante, hecha de complicidad, confianza, candor y otro poco de misterio.

En Siestalandia suele hacer bastante calor. No obstante, como allí todo es posible no se corta la luz y los ventiladores siguen refrescando a la hora de la siesta. Además, el río siempre está a unas pocas cuadras de distancia para aplacar el calor.

Como no podía ser de otra forma, Siestalandia es tan solo una estación más en el recorrido. Le siguen La sandía que se expande eternamente, Vuelta a Siestalandia y luego Spinettalandia.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Daniel Viglietti - Canción para mi América


Tras un hiato lleno de las promesas de rosas y los claveles y las amapolas, levantó vuelo una vez más. Como en un viejo casette que se niega a las falsedades de cromo y pronuncia su genuino presente, el eco de su voz fue el de ser una crisálida única en su especie. En 24 horas concentraría todas sus pasiones, su amor, sus juegos, sus decepciones, sus esperanzas… Y al final la muerte.
Al día siguiente un navío tropieza en una peña o isleta que no vieron y en su hazaña de salir indemnes de la amenaza, el capitán retoma el control de su nave, tomando el timón con todas sus fuerzas. Ya caída la noche y con la embarcación en el camino firme hacia mayores aventuras y la gran pesca, el capitán cae en un profundo sueño. Lleno de la dulzura de un nuevo encuentro y cargado de una fuerte conexión colectiva que le dice con voz diáfana e ininterrumpida:

"Beso mares de algodón, sin mareas, suaves son, sublimándonos, despertándonos. Somos seres humanos, sin saber lo que es hoy. El vino entibia sueños al jadear, desde su boca de verdeado dulzor y entre los libros de la buena memoria, se queda oyendo como un ciego frente al mar. Mi voz le llegará, mi boca también. Tal vez le confiaré que eras el vestigio del futuro. Ah, son los hombres en tu paraíso, nunca entenderán como es tu alma oh...".
Una vez despierto del plácido sueño del que no quería salir, la voz de lo alto anunciaba fuerte y claro: "¡Tierra! ¡A desalambrar, a desalambrar!".

lunes, 22 de febrero de 2016

Marduk - Frontschwein (2015)


Los días del sombrero

Fue un tiempo indefinible. Una semana, tal vez dos; no se sabe a ciencia cierta. Ese período en el que el sombrero se extravió y ya no pudo hallar a su amo, estuvo dominado por la presencia de seres que lo hostigaban permanentemente. Al ser sólo un sombrero, no lograba reconocer de quién o de qué se trataban esas presencias. Conos rugosos con ligeros tentáculos que se deslizaban desde su parte superior, lo atraían a quien sabe cuales habitaciones, con dulces y engañosas promesas que le aseguraban cuantiosas horas de néctar y ambrosía.

Lo cierto es que solo lo salvó, de ese destino fatal, recordar los días en el que tenía la fortuna de ascender al tranvía. Al sentarse con su amo en aquellos estratégicos asientos de la mitad del vagón, presentía ya el perfume tan particular, los cálidos gestos y ademanes con los que ella llegaba hasta aquel asiento. Pero sobre todo, la sonrisa y la mirada que esa mujer que picaba boletos, le dedicaba a su amo.

Esos días el sombrero los recuerda con especial cariño, ya que con ella a su lado, la mano del hombre lo tomaba con su palma y lo llevaba hacia abajo, hasta dejarlo boca arriba. En esa posición, la concavidad del sombrero se servían refrescos para los pájaros de la mañana, con su agua desbordante, o de cúmulo de tierra del cual nacen cactus con vástagos espinosos de los cuales asoma una flor. O quizás, también, pudieran saltar desde su seno conejos y tiras de guirnaldas, como si de la galera de algún mago de pueblo se tratase.

En esas tierras, las prohibiciones sobre el uso de sombreros persistían. Quizás, por eso mismo, esa prenda de vestir cubría aquella cabeza de un sin fin de posibilidades. Cualquier sueño o fabulación, por alocada que ella fuera, se hacía realidad con solo colocarlo sobre sus cabellos.

En los instantes finales del extravío, informes miembros emergieron como un manto vaporoso desde el propio sombrero, para tomar sus propios cabellos (aquellos que soportaba) y rescatarlo de la propia parálisis destructiva auto infligida.

Bolas de fuego incandescente abrazaron al sombrero, y según el relato de algún pájaro poco común de encontrar hoy, de las propias cenizas se había reconstituido aquel sombrero. Después de todo, otro tipo de ardor de aquel que dicta el impulso del destino tanático sobre esos brazos, era lo único que importaba debajo del sombrero. Esos brazos, según comprendió bajo el ala, lo llevaban por senderos anhelados por colibríes frenéticos de sed, tanto que podría haberse dicho que se trataba de extremidades con voluntad propia.

Los días venideros fueron de un panorama totalmente diferente para el sombrero. Felices. Aquellos brazos con voluntad propia, con ese aroma y perfume tan particular, intercambiaban de cabeza al sombrero. Ambos. Ella y él. Todo estaba de cabeza. Así debían ser los días del sombrero.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Billie Holiday - The Complete On Verve (1945-1959) Disc 1


Oda personal a la niñez

En los dibujos animados se percibe un sentido de idilio permanente, de peripecias, persecuciones, saltos, juegos y un devenir en el que el sufrimiento no existe; cualquier cosa es posible.
En un mundo en el que nada sirve de pantalla, sino que es cándido y frontal, blancos capullos los envuelven en un marco de tiza y suelo igualador. En aquellos patios, las sogas que saltar, las pelotas de azul verdoso y uva, las escondidas y las columnas, sostienen el instante preciso en el que el tiempo vuela por los aires y ninguna otra cosa importa.
Abrazos y manos tendidas, pedidos de chistes y animales; rectangulares ventanitas azules darán lugar a prodigiosas memorias de "quedamos en la página 53, el capítulo 4 La oscuridad. En el día más esperado son gatos con botas, seres marinos y sirenitas, cartas de la reina malvada, pinochos y muchos más. Todos cantando y bailando.
Cualquier día de la semana, uno como hoy o un jueves, ellos esperan con ansias y entran felices por la puerta, a descubrir y compartir nuevas historias.